Innovación

El agua, un recurso básico central en la misión del CICR

El agua es una necesidad básica reconocida, incluso si en la práctica este concepto a menudo queda relegado en casos de crisis. En realidad, este recurso ocupa desgraciadamente un lugar central en muchos conflictos, sobre todo porque de él depende la supervivencia de algunas poblaciones a menudo atrapadas entre intereses opuestos, estatales o no. En ello se basa la actividad de Agua y hábitat del CICR.

Javier Córdoba, responsable del departamento de agua y hábitat del CICR en Oriente Medio habla de la importancia del agua en todas las actividades del CICR, hablamos con él con motivo de la regata Bol D'Or Mirabaud 2017, en la que participó como capitán de uno de los dos barcos facilitados por el Grupo Mirabaud para la ocasión.

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¿Por qué representa el agua un reto tan importante para el CICR?

El agua tiene un papel esencial en tiempos de conflictos y situaciones de catástrofe, puesto que la falta de agua, así como su mala calidad, causan un deterioro instantáneo de la salud de las personas. Actualmente esto sucede en Yemen, donde están reapareciendo enfermedades de origen hídrico como la disentería y el cólera. Se trata de una consecuencia indirecta del conflicto. Cuando baja la calidad de los servicios básicos, se observa una rápida degradación de las condiciones de higiene y, por desgracia, es la salud de las personas la que paga el precio.

Por otra parte, se calcula que cada año hay más de 4 millones de muertes relacionadas con el agua, una de las principales causes de mortalidad en el planeta, ya sea debido a su inaccesibilidad,  su mala calidad o a las enfermedades que transmite. Por ejemplo, es bien conocido el papel que tiene el agua estancada en la propagación de la malaria. Su ausencia también puede ser un factor agravante  en las tensiones entre comunidades. Pero cuando vuelve a disponerse de agua, se observa una rápida mejora de la situación: las tensiones disminuyen, la salud mejora y la gente puede concentrarse en otros asuntos esenciales, porque ya no tienen que andar varios kilómetros para asegurarse el abastecimiento de agua potable.

¿Cómo se organiza su actividad sobre el terreno?

Trabajo principalmente en las crisis en Oriente Próximo. Nuestra acción para satisfacer las necesidades básicas de la población se concentra en la rehabilitación o refuerzo de infraestructuras de abastecimiento y saneamiento, así como de las infraestructuras sanitarias que han resultado dañadas a consecuencia de los conflictos. En lo que se refiere al agua, las autoridades locales de la región saben lo que tienen que hacer y cuentan en su seno con personas formadas y especializadas. No ocurre así en todos los países, algunos de los cuales dependen de antiguas infraestructuras coloniales que no se adaptan en absoluto a las necesidades demográficas y urbanísticas actuales.

Volviendo a nuestra actividad: nuestro modo de operar es bastante convencional. En primer lugar hay una fase de evaluación; a continuación nos ponemos manos a la obra para restablecer, reforzar o desarrollar las infraestructuras necesarias, colaborando estrechamente con todos los actores locales: servicios de agua, proveedores de acceso y de distribución, servicios de salud, suministradores de electricidad y la administración. Por supuesto, las soluciones no siempre son fáciles de adoptar. A veces hay que demostrar imaginación, como en Gaza, donde, para construir cuencas de retención  y hacer frente al embargo de material de construcción en ese territorio, recuperamos elementos del muro de separación que se había construido anteriormente entre Egipto y Gaza.

¿Qué hacen cuando se les prohíbe acceso a las infraestructuras?

Tenemos soluciones, pero la zona donde podríamos ponerlas en marcha no siempre es accesible, en la mayor parte de los casos por motivos de seguridad. Cuando una zona no está asegurada no asumimos riesgos excesivos, es una regla estricta que observamos en todas las situaciones. La restricción de acceso es uno de nuestros mayores retos y en estos casos, la negociación es nuestra única arma.

Además, el agua se suele utilizar para ejercer presión sobre el enemigo. A veces también nos encontramos con procesos de negociación particularmente complejos, como hace poco en Alepo, en Siria. El embalse que abastecía a la ciudad estaba en una zona controlada por el Estado Islámico, mientras que el suministro de electricidad estaba en manos del gobierno y una buena parte de las infraestructuras (conductos, canalizaciones, etc.) bajo el control de distintos grupos de la oposición. Puesto que el agua era vital para todas las partes del conflicto, la cooperación, por suerte, fue inevitable.

¿Qué diferencia hay entre suministrar agua en un medio rural y un medio urbano?

A menudo imaginamos Oriente Próximo como un gran desierto, pero olvidamos que, por ejemplo, Irak está bañado por dos grandes ríos, el Tigris y el Éufrates. Esta agua en la superficie  atraviesa grandes centros urbanos y facilita el abastecimiento de agua puesto que basta con bombearla y tratarla. Pero las cosas no son tan sencillas, especialmente porque las ciudades se han convertido hoy en día en los nuevos escenarios de la guerra.

Y como la parte de la población de la región vive en áreas urbanas, el suministro y tratamiento de agua pueden resultar particularmente difíciles, sobre todo en caso de conflicto prolongado.  Si además, los sistemas de suministro dependen de grandes infraestructuras que pueden sufrir daños, el desafío es aún mayor. Los problemas son menos acuciantes en el campo, puesto que en general las comunidades se organizan de manera natural en torno a sus fuentes de aprovisionamiento, como los pozos, que están acostumbradas a gestionar. El agua se convierte en este caso en un buen vector de cooperación, refuerza la cohesión social y la solidaridad. En las ciudades, la gente no tiene ningún control sobre su suministro, por lo que depende completamente de aquellos que toman las decisiones.

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¿Nos puede contar alguno de sus grandes desafíos técnicos?

Después de la prohibición a Siria de importar determinados productos químicos, los servicios responsables del agua se enfrentaron a un enorme reto porque ya no podían utilizar gas de cloro para desinfectar el agua, por lo que tuvieron que pasar al cloro en polvo, lo que ha supuesto la transformación de todas las plantas potabilizadoras del país. En este contexto, el CICR puso en marcha un programa para apoyar el cambio.

¿Les permite la innovación implementar soluciones más fácilmente?

Desde el principio, el CICR entendió que la innovación podía facilitar su actuación, aunque esta no sea siempre y exclusivamente tecnológica. Hay numerosos ejemplos en nuestra historia: de ello dan fe los impulsos innovadores del CICR en la ampliación del derecho humanitario internacional. Pero es cierto que desde hace algunos años, se ha hecho especial hincapié en la innovación tecnológica y hemos intensificado nuestros esfuerzos y colaboraciones, especialmente con empresas y universidades, para responder mejor a los nuevos desafíos humanitarios.

Se han lanzado varias iniciativas en este sentido, como por ejemplo para desarrollar soluciones con el fin de optimizar el consumo de energía y ofrecer una mejor resistencia a los sistemas de los que depende el funcionamiento de estructuras básicas, como hospitales o estaciones de bombeo. También trabajamos en estrecha colaboración con varios laboratorios de la EPFL en el marco del programa Humanitarian Tech Hub. En él desarrollamos proyectos de investigación, especialmente en las áreas de la ortopedia, la formación, la cooperación, y contamos asimismo con las competencias y asesoramiento de especialistas en biometría y aparatos médicos.

Pero también se puede innovar de manera sencilla. La puesta en marcha del programa de saneamiento «biogás» en las cárceles es un buen ejemplo. Efectivamente, en vez de enviar las aguas residuales a las cloacas, las recuperamos y almacenamos.

Este sistema nos permite recuperar el metano procedente de la materia fecal y transformarlo en gas para suministrar a las cocinas. Fabricado en la mayoría de los casos con los medios de los que se dispone, este sistema ya ha dado resultado en Nepal, Etiopía y Sri Lanka. Mejora las condiciones de trabajo dentro de la prisión y reduce los problemas de salud de los detenidos conservando los recursos naturales como la madera, puesto que se limita su uso.

Ustedes responden a menudo a situaciones de emergencia, pero ¿es posible realizar actuaciones preventivas?

El valor añadido del CICR radica en su gran experiencia y capacidad de intervención en caso de emergencia, pero también tenemos unas importantes competencias cuando una región, país o población vive una situación de conflicto prolongado. Las actividades de la unidad Agua y hábitat están a menudo a medio camino entre el auxilio y el desarrollo. Trabajamos de manera preventiva, cuando es posible, reforzando los servicios básicos: el agua por supuesto, pero también la alimentación, la producción de energía, los centros sanitarios, la construcción de alojamiento para las personas desplazadas.

Cuando sabemos, por ejemplo, que tendremos que hacer frente a la llegada de un gran número de personas que huyen de combates, y que estas buscan principalmente refugio en los centros urbanos, tratamos de reforzar las infraestructuras para que el sistema pueda absorber la creciente demanda. Lo hicimos en el Líbano, en previsión de la llegada de numerosos sirios que emprendían inexorablemente el camino hacia la frontera.

En Mosul, nuestra respuesta se concentró primordialmente en las ciudades y pueblos de los alrededores para poder responder a las necesidades de los habitantes que salían de la ciudad asediada. Al mismo tiempo, ya estamos trabajando en el restablecimiento de las redes e infraestructuras en los barrios que son seguros.