Vela

El Bol d’Or Mirabaud acoge al CICR en sus aguas

Como principal colaborador voluntario del Bol d’Or Mirabaud 2017, el Comité internacional de la Cruz Roja (CICR) ha participado en esta ineludible cita veraniega, donde aficionados y navegantes curtidos ponen a prueba su talento en la mayor regata de Europa en aguas cerradas. Ha sido una bonita experiencia para las dos tripulaciones de la institución, que navegaron en veleros Surprise proporcionados por el Grupo Mirabaud.

Conversación con Javier Córdoba, responsable del departamento de agua y hábitat del ICRC en Oriente Medio y capitán de una de las dos embarcaciones del CICR.

¿Qué ha motivado al CICR a convertirse en colaborador voluntario del Bol d’Or Mirabaud?

La actuación sobre el terreno para responder a las necesidades humanitarias de las personas afectadas por conflictos armados es, por supuesto, una prioridad para el CICR, pero también es importante para nuestra institución hablar de nuestra labor, llamar la atención sobre situaciones críticas y alertar a la opinión pública acerca de los problemas a los que se enfrentan numerosas poblaciones. El Bol d’Or Mirabaud nos ofrecía un trampolín para esto y hemos decidido convertirnos en el primer colaborador voluntario de este evento que es, como nosotros, ginebrino a la vez que internacional. Además, compartimos numerosos valores como la determinación, la perseverancia, el espíritu emprendedor y el deseo constante de innovar. Nos pareció natural participar.

© Nicolas Jutzi

Háblenos de su participación en el evento.

Dos tripulaciones compuestas por empleados del CICR defendieron el honor de toda nuestra institución a bordo de dos barcos del tipo Surprise, que Mirabaud puso a nuestra disposición. Nuestro objetivo era dejar el pabellón lo más alto posible. Al final lo conseguimos, aunque tal vez tardamos un poco más de lo esperado, ya que terminamos en las posiciones 81.ª y 97.ª de los 135 participantes en esta categoría. Nuestra primera tripulación terminó la regata en 14 horas y 5 minutos.

¿Cuáles eran sus objetivos?

Lo importante para nosotros era ante todo participar, conseguir terminar la carrera y volver con una sonrisa aún más grande que a la salida. También queríamos compartir esta experiencia con todos los empleados  de la organización y el público que asistió a la competición. La apuesta salió bien. El CICR también tenía un espacio en el Club Náutico. Muchas personas pasaron por allí, entre ellas numerosos compañeros a los que habíamos informado de nuestra participación a través de varios canales internos.

¿Cómo se prepararon para la prueba?

Me gusta mucho navegar y hace tiempo que lo hago. Además, formo parte de una tripulación de regata de una embarcación Grand Surprise en el lago Lemán. Para el Bol d’Or, formamos dos tripulaciones de aficionados dentro del CICR. Puesto que la mayoría no tenían experiencia en regatas, decidimos entrenarnos antes de participar en la competición. Esto nos permitió familiarizarnos con el barco y conocer el evento para sacarle más partido en el día D.

¿Nos cuenta un poco sobre la carrera?

Las condiciones meteorológicas eran excepcionales, con un fuerte cierzo. Partimos en la 40.ª posición, pero por desgracia perdimos muchos puestos intentando una maniobra para aprovechar el cierzo, que seguía aumentando de intensidad. Pero luego ya no perdimos más posiciones, e incluso recuperamos algunas. A la vuelta, preferimos pasar por la costa francesa, que era más favorable al final de la tarde, para terminar con viento de cola hacia el anochecer, navegando literalmente por el lago de noche. Fue algo mágico. Entre nosotros, en el barco, compartimos algunos momentos intensos que sin duda recordaremos con cariño durante mucho tiempo.

© Nicolas Jutzi

¿Qué papel tiene la navegación en las actividades del CICR?

Aunque muchos consideran el barco como algo relacionado con el deporte y el ocio, no hay que olvidar que se trata, antes que nada, de un medio de transporte y de comunicación. Por este motivo, el transporte marítimo o fluvial siempre ha ocupado un lugar preferente en las actividades del CICR, sobre todo cuando el acceso a terrenos donde se necesita una actuación humanitaria está cortado. Por ejemplo, la institución fletó naves en 2009 para poder evacuar a heridos de la península de Jaffna durante la guerra en Sri Lanka; en 2011, utilizamos barcos para facilitar el retorno de personas detenidas en Libia; también son de gran utilidad para transportar ayuda de emergencia a zonas inaccesibles por vía terrestre, como hicimos en Aceh, en Indonesia, tras el tsunami de 2005, en Somalia y en el Líbano en 2006, y más recientemente en Sudán del Sur y Yemen, dos países que hoy se enfrentan a grandes problemas humanitarios. El transporte de carga representa en la actualidad más de 10.000 contenedores al año para el CICR, que parten de toda Europa, la India, China y muchos otros países, con rumbo a más de 80 destinos de todo el mundo.

Pero el agua no es solamente un medio de comunicación

Efectivamente. El agua es una necesidad básica reconocida, incluso si en la práctica este concepto a menudo queda relegado en casos de crisis. En realidad, este recurso ocupa desgraciadamente un lugar central en muchos conflictos, sobre todo porque de él depende la supervivencia de algunas poblaciones a menudo atrapadas entre intereses opuestos, estatales o no. En ello se basa la actividad de Agua y hábitat del CICR. Nuestro objetivo prioritario es garantizar los servicios básicos para las personas afectadas por combates o por una catástrofe natural. Esto comprende, por supuesto, la provisión y saneamiento de agua, pero también infraestructuras como electricidad, centros sanitarios y sistemas de irrigación.