Innovación

Dar sentido a su inversión apoyando a los spin-offs

Recientemente, por una iniciativa de la ETH Zurich Foundation y el Grupo Mirabaud, estudiantes de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zurich) han presentado sus spin-offs a los inversores. Esta velada, llamada «Círculo de la innovación», permitió sentar las bases de un puente que permitirá a jóvenes talentos del mundo académico incorporarse a la economía real.

Los impulsores de esta iniciativa, Corinna Adler, responsable desde hace 10 años de las colaboraciones de la ETH Zurich Foundation, y Nicolas Mirabaud, responsable de las actividades de Wealth Management y miembro del Comité Ejecutivo de Mirabaud & Cie SA, explican su enfoque y sus objetivos. Su entrevista, realizada en las oficinas de Mirabaud en Zúrich, demuestra que los ámbitos académico y financiero presentan numerosas similitudes, empezando por la búsqueda compartida de la excelencia.

A menudo, Suiza está a la cabeza de las clasificaciones por país relativas a la innovación. ¿Cómo se explica este éxito?

Nicolas Mirabaud: La única materia prima que poseemos en Suiza es la materia gris. Partiendo de esta constatación, nuestro país entendió rápido que era esencial establecer condiciones marco favorables para la innovación. Esto significa dos cosas: garantizar una enseñanza de vanguardia, como la que se imparte en las escuelas superiores ETH Zurich y la EPF Lausanne, y tejer una red amplia de colaboraciones entre lo público y lo privado. La innovación solo se obtiene tendiendo puentes sólidos entre los universos académico, técnico y económico, entre quienes conceptualizan y desarrollan los nuevos productos y servicios, y aquellos dispuestos a invertir en ellos..

Corinna Adler: Yo añadiría que uno de los ingredientes principales del éxito de Suiza en innovación es la calidad de nuestros institutos de investigación. Desde su fundación en 1855, la ETH Zurich siempre ha aspirado al reconocimiento internacional, lo que le ha permitido atraer a talentos de todo el mundo. Esta apertura al extranjero, que es esencial, se debe a varios factores, como nuestra situación geográfica, nuestro tamaño y nuestra multiculturalidad. Físicamente cercanos y culturalmente diversos, un aspecto fundamental de la mentalidad suiza es la amplitud de miras.

N.M. Además, somos muy pragmáticos. No innovamos por innovar, sino porque hacerlo es la condición sine qua non para que subsistamos en la actualidad y a largo plazo. Si tomo el ejemplo de los bancos, y en concreto los bancos privados: ellos no se habrían podido desarrollar solo en el terreno local, sino que les hizo falta acudir al extranjero. Y en su sector, muy específico, no pueden contentarse con exportar una forma de hacer las cosas creada localmente: su éxito se basa en entender íntimamente a sus clientes, sus culturas respectivas y sus restricciones, ya sean reglamentarias o de otra índole. Contrariamente a lo que sucede en otros países, no es posible adoptar una actitud «suizo-céntrica».

Este entendimiento del extranjero, este interés permanente por lo que pasa en otros lugares, la conciencia de la necesidad de adaptarse, es decir, de prever evoluciones externas que no podemos controlar, nos ha permitido desarrollar una agilidad especial. A este respecto, me gustaría mencionar la rapidez que ha demostrado la economía suiza cuando tuvo que adaptarse a la subida del franco, que se produjo después de que el BNS abandonara el tipo de cambio mínimo. Todo esto me lleva a pensar que la innovación consiste menos en encontrar «lo nuevo» que en construir los puentes y las soluciones que permitan adaptarse a un mundo en constante cambio.

¿En qué sectores creen que Suiza está especialmente bien posicionada?

C.A. En cuanto a la industria, no hay más que fijarse en los principales sectores de actividad de la ETH Zurich: es un espejo que refleja la industria en un horizonte de 10-20 años. Y nuestra ventaja es manifiesta en los ámbitos de las ciencias de la vida, tecnologías de la información, robótica, física y arquitectura, por solo nombrar algunos. 

Concretamente, podríamos tomar el ejemplo del CERN, que en la actualidad dispone del acelerador de partículas más potente del mundo. Y como consecuencia de ello, su construcción requirió numerosos «inventos» y actividades derivadas que contaron con la participación de la ETH Zurich. En general, Suiza es un país de start-ups; desde 1996, los estudiantes de ETH han creado 359 empresas de este tipo, lo que representa un buen indicador de nuestra capacidad para pasar de la teoría a la economía real.

N.M. Los servicios representan un segundo grupo competitivo que distingue a Suiza en el plano internacional. Esta posición se explica con facilidad: si, como es el caso de nuestros bancos, hay que estar en condiciones de servir a clientes de todo el mundo, esto significa que hay que estar permanentemente al día de las evoluciones que se producen, tanto en el plano regulatorio como en tendencias de la oferta y la demanda. La competencia es mundial y la necesidad de adaptarse, constante.

En la gestión patrimonial, esta exigencia de flexibilidad está especialmente marcada por el hecho de que nos hemos enfrentado a una clientela extremadamente exigente y que espera que le ofrezcamos soluciones «a medida». Como consecuencia, sería del todo insuficiente disponer solo de un conocimiento superficial del entorno y de la cultura de los mercados en los que estamos activos.

Han creado conjuntamente el «Círculo de la innovación» para que las spin-offs y los inversores puedan encontrarse. ¿Cómo han llegado a esta colaboración?

N.M. Nuestra clientela desea cada vez más invertir en la economía real. Busca proyectos a largo plazo que tengan sentido para el futuro. Por lo tanto, es natural que también se interesen por las start-ups. Y para acompañarles en este trayecto, nos pareció oportuno colaborar con el importante vivero de jóvenes talentos que representa la ETH Zurich.

C.A. Para preparar a los estudiantes a convertirse en emprendedores, la universidad necesita, entre otras cosas, recursos financieros importantes. Esto ayuda a atraer a los mejores talentos de entre los docentes y los estudiantes. El “Círculo de la innovación” es una gran oportunidad para que todas las partes implicadas intercambien ideas, aprendan cuáles son los retos existentes e inicien alianzas prometedoras.

N.M. El mundo actual es complejo. No basta con tener buenas ideas. Hay que hacerlas crecer y acompañarlas en los laberintos administrativos y reglamentarios. Hoy en día, emprender significa prepararse para correr un maratón.

C.A. El rol de la universidad no se limita a ofrecer a los estudiantes unos conocimientos específicos. Va mucho más allá. La tarea de la ETH consiste también en desarrollar el sentido crítico, la creatividad y el espíritu emprendedor. La ETH ha concretado esta misión a través de la «Critical Thinking Initiative» lanzada en 2012. Además ha puesto en marcha el «Pioneer Fellowship». Este programa permite a la ETH abordar el salto entre la investigación y la empresa. Desde 2010, ha permitido ya crear 34 spin-offs, algunas de las cuales ya se han ganado un renombre internacional.

N.M. En efecto, es esencial tender puentes. La complejidad favorece el pensamiento aislado, por lo que es fundamental establecer estructuras que permitan debatir ideas entre personas que provienen de universos totalmente diferentes pero complementarios.

¿Qué balance hacen de esta primera experiencia de colaboración entre el ámbito financiero y el académico?

N.M. Estamos muy satisfechos y esperamos haber sentado las bases para una larga relación. Al llevar muchos años en Zúrich, nos pareció coherente desarrollar nuestra red local y reforzar nuestro compromiso allí.

C.A. Era también una de nuestras prioridades. Colaborando con Mirabaud, aspiramos además a reforzar los vínculos con los jóvenes emprendedores, en gran medida aquellos de la Suiza francófona.

¿Y qué reacciones han tenido los participantes?

C.A. Desde el punto de vista de los jóvenes emprendedores, la experiencia de un cara a cara con una densidad tan grande de inversores y clientes potenciales ha gustado mucho. En la ETH Zurich Foundation nos alegramos de este balance tan positivo.

N.M. Así es. La razón es que no nos contentamos con organizar un enésimo encuentro entre investigadores/emprendedores e inversores. Si no se hubiera hecho un esfuerzo para asegurarse de que tuvieran expectativas complementarias y que pudieran conversar directamente sobre los proyectos que les interesan, la experiencia habría fracasado. Hacía falta que tuviera sentido para cada uno de ellos.

La búsqueda de talento 

La innovación supone un determinado talento. ¿Cómo se puede favorecer?

C.A. Lo esencial es proporcionar un entorno apropiado. La financiación también puede ser decisiva: a veces basta con mil francos para marcar la diferencia, por ejemplo dando a un proyecto de laboratorio la posibilidad de continuar a largo plazo.

N.M. En mi opinión, el talento, que se manifiesta a todos los niveles, consiste en ser capaz de transformar una idea en realidad pero manteniendo el pragmatismo. En el ámbito financiero, era más fácil diferenciarse hace veinte años que en la actualidad, cuando todo está sometido a una estricta regulación.

Son muchos los convocados y pocos los elegidos. ¿Cómo identificar estos talentos?

C.A. En lo que respecta a la ETH Zurich, hay que ser muy consciente de que competimos directamente con instituciones prestigiosas como el MIT, Stanford o incluso la universidad de Singapur. Por lo tanto, no basta con elegir a los alumnos con nota más alta (véase el recuadro ESOP). Hay que entender sus motivaciones, sabiendo que estas varían mucho en función de su cultura de origen. Esa es la razón por la que, además de basar su selección en un determinado número de criterios normativos, la ETH también realiza entrevistas personales. Y la dirección adopta la decisión final según la preselección efectuada por el departamento correspondiente.

N.M. Es bastante sorprendente hasta qué punto coinciden nuestras problemáticas a la hora de identificar talento. Las métricas que se evalúan, como por ejemplo el historial de rentabilidad de un gestor, resulta  un indicador muy pobre para identificar talento que pueda desarrollarse en entorno específico de la gestión patrimonial suiza. Nuestra profesión se basa en la relación humana y, sobre todo, en la confianza. Por eso, no es suficiente sobresalir en los mercados para prosperar en ellos: a las cualidades técnicas hay que añadir la capacidad de entender nuestra cultura, de emprender, y de saber trabajar solo, a veces, y mucho, siempre. ¡El éxito es un proyecto lleno de exigencias!

Basándose en esta primera experiencia de intercambios entre el ámbito académico y el financiero, ¿cuáles son sus proyectos?

C.A. Por supuesto vamos a organizar más de estos encuentros. No es necesario multiplicar las iniciativas. Hay que saber reforzar lo que ya funciona.

N.M. Lo esencial es mejorar la fluidez del diálogo. Y para conseguirlo, habría que simplificar los contactos y los accesos a los puentes entre investigadores e inversores.

Con este enfoque, ¿las fundaciones podrían desempeñar el papel de aceleradores?

C.A. Sin duda. Permiten afrontar desafíos que, sin ellas, se dejarían de lado. La belleza de la filantropía en el ámbito de las ciencias reside en el hecho de que el filántropo participa en la elaboración del futuro. ¿Qué mejor legado podría ofrecer?

N.M. Los inversores ya no se contentan solo con rentabilidades. Desean dotar de sentido a sus inversiones, comprometerse por el futuro del ser humano y del planeta. El impacto social y medioambiental tiende a convertirse en un componente intrínseco de la inversión. Desde este punto de vista, la ETH Zurich Foundation representa un colaborador ideal, porque sigue siendo capaz de acelerar el tránsito del deseo a su realización.

ESOP: la excelencia programada

Para atraer talento de todo el mundo, la EPFZ ha puesto en marcha el «Excellence Scholarship & Opportunity Programme» (ESOP), que permite a los estudiantes realizar su máster dentro de la EPFZ.

Este programa se centra en estudiantes con potencial, y las becas se conceden a quienes posean una personalidad y capacidad intelectual de las que se puedan esperar resultados excepcionales. Se financia en su totalidad por fondos privados provenientes de 3.500 filántropos (antiguos estudiantes, donaciones del sector privado, fundaciones y empresas).