Cultura

Khatia Buniatishvili: «El talento consiste también en superar las dificultades para llegar hasta el final»

El miércoles 1 de febrero, unos 700 invitados tuvieron el placer de asistir al concierto Mirabaud organizado en París en el estudio 104 de la Maison de la Radio. Este concierto de música clásica reunió, bajo la batuta del célebre maestro director de orquesta Joji Hattori, a los músicos de la Orquestra Simfònica Illes Balears y a la prestigiosa y talentosa pianista georgiana Khatia Buniatishvili.

Unos días antes del concierto, la joven virtuosa de 29 años se reunió, en la sede parisina de Mirabaud, con Louis Fauchier-Magnan, gestor de patrimonio y uno de los representantes de la 7.ª generación de la familia fundadora del Grupo. Fue la ocasión perfecta para hablar de su percepción del talento, de las dotes necesarias para alcanzar el éxito y de las emociones que aporta la música clásica.

© Gavin Evans

Aclamada en los mayores escenarios internacionales, Khatia Buniatishvili es una de las pianistas más cotizadas del mundo. Ofrece más de cien conciertos al año en todos los continentes. Sus actuaciones son muy apreciadas, tanto por su excepcional interpretación de las mayores obras maestras de la música clásica como por su presencia en escena, cuando aparece en comunión con su instrumento. Dio su primer recital a los 6 años. Ha vivido la música desde siempre. «Empecé a tocar el piano a los 3 años gracias a mi madre. No era música profesional, pero me enseñó a cantar, a bailar y a tocar el piano, igual que a mi hermana, que también se convirtió en pianista». Es cierto que en Georgia es muy importante la música folclórica. Numerosos cantos georgianos la arrullaron en su infancia.

Su madre percibió enseguida que tenía cierta facilidad para aprender música, primero repitiendo melodías al piano y después leyendo partituras. «La sensibilización musical nos la dio sobre todo nuestra madre. También me gustó su enfoque: el objetivo del trabajo no era alcanzar el éxito, sino ser felices. Su actitud fue siempre positiva, incluso en las complicadas circunstancias que vivimos en los años noventa en Georgia. En cuanto a mi padre, fue al conocer a mi madre cuando comenzó a entender y amar la música clásica. Siempre me han gustado la música y las emociones que aporta. De muy pequeña me gustaba escuchar el Réquiem de Mozart, lo que es un poco raro a esa edad, porque es una obra trágica».

El entorno familiar

El entorno familiar puede influir en la elección profesional. Ya sea de muy joven, como en el caso de Khatia Buniatishvili, o más tarde, como le sucedió a Louis Fauchier-Magnan: «Toda la historia de mi familia está vinculada a Mirabaud», afirma. « Estudié matemáticas. Después todo llegó de forma natural. De niño oía hablar de Mirabaud por la noche, los fines de semana... Todo el tiempo. Ya vivía ahí. Así fue también para una de mis hermanas (Camille Vial), que llegó a ser socia del banco. La primera mujer en alcanzar ese puesto». Aprovechar los sensatos consejos de los padres puede ayudar.

En la música clásica, la formación comienza a una edad muy temprana. «Para nosotros, igual que para los deportistas, es mejor aprender pronto», destaca Khatia Bunitishvili. «Los dedos ganan músculo, los automatismos se instalan, la sensibilidad se desarrolla y el aprendizaje del juego se pone en práctica». Los músicos aficionados pueden empezar más tarde, pero los profesionales han recibido formación desde muy jóvenes. «En el arte, la habilidad se manifiesta pronto. Por ejemplo los repertorios de compositores como Mozart o Schubert, que murieron muy jóvenes, alcanzaron la perfección».

La educación de la pianista georgiana siempre estuvo vinculada a la música. «Primero empecé en la escuela de arte. Después, a partir de los ocho años, seguí una formación específica en la escuela musical, destinada a niños superdotados en música. En la antigua Unión Soviética solo había tres: en Moscú, en San Petersburgo y en Tiflis, capital de Georgia».

© Mirabaud Concert Paris 2017

El secreto del talento: amar lo que se hace

Tener una facilidad natural ayuda a evolucionar un poco más rápido que el resto, pero es evidente que para progresar hace falta mucho trabajo. Y para poder disfrutar pasando horas ante el teclado, «el factor fundamental es que te guste lo que hagas», declara Khatia Buniatishvili; «no solo que te guste tocar, sino también el conjunto de la vida del artista: subir al escenario, viajar... De lo contrario, la interpretación musical es solo técnica y carece de creatividad y emoción»

Hay demasiadas personas que ejercen una profesión sin pasión. «Es una realidad sorprendente, pero existe», revela Louis Fauchier-Magnan. «Siempre me asombra descubrir que a muchas personas no les gusta su trabajo. En mi caso, me gusta mi profesión. Me apasiona reunirme con clientes, escucharles, aconsejarles y encontrar soluciones a sus preocupaciones».

El amor a la profesión es una de las claves del éxito y de la maestría en el arte, pero ¿es suficiente? «Se dice que el éxito supone un 10 % de talento, un 80 % de esfuerzo y un 10 % de suerte», señala el gestor de Mirabaud. Según Khatia Buniatishvili, «el éxito es más bien un 50 % de talento y un 50 % de trabajo,y si se tienen ambos, la suerte llega de forma natural. En las profesiones artísticas, el talento consiste en lograr algo complicado desde el primer toque, pero también superar las dificultades y sacar fuerzas para perserverar y llegar hasta el final».

El talento es también la capacidad de valorar el de los demás. «Cuando ofrecemos consejos y sugerimos inversiones, aportamos el trabajo de decenas de colaboradores que trabajan en equipo y contribuyen a ofrecer un servicio que corresponde a los intereses del cliente, destaca Louis Fauchier-Magnan. El talento en nuestra actividad como banqueros consiste en valorar el trabajo de los demás, así como en saber escuchar y prestar atención. Es necesario escuchar mucho y ser siempre sinceros».

El don de escuchar es también fundamental en la música, pero para ser un gran músico no basta tener oído musical. La pianista reconoce que estar dotada de un buen oído ayuda, pero el músico debe tener sobre todo memoria para poder retener los fragmentos: tanto «visual, para acordarse de las particiones, como postural, que permite colocar las manos en la posición correcta del teclado».

La música clásica revela emociones sin explorar

Paradójicamente, Khatia Buniatishvili prefiere escuchar música en casa antes que en un auditorio, ya que sentada entre el público tiende a analizar la interpretación y el comportamiento de los músicos y no a disfrutar de su posición de espectadora. «Prefiero apreciar la música en casa en la intimidad. Estos días, en los que todo va muy rápido, a veces no tenemos tiempo para experimentar emociones ni para reflexionar y sentir. La música nos brinda la oportunidad de hacerlo. Cada fragmento cuenta una historia. Cuando trabajo en el universo de Rachmaninov o de Schumann, descubro emociones y sentimientos que desconocía pero que el compositor ha logrado transmitir y hacer surgir en lo más profundo de nosotros gracias a su música».

La música clásica trasciende todas las épocas. Transmite emociones y se escucha como una banda sonora de la vida. «Por eso sobrevive», subraya Louis Fauchier-Magnan. «En general, los valores, los principios y las filosofías que permanecen garantizan la perpetuidad. Funciona exactamente igual que instituciones familiares como Mirabaud que siguen en activo desde hace 200 años».

La pianista georgiana expresa las emociones que su arrebato musical le hace sentir. «En el escenario», afirma, «no es posible mentir. Te descubres ante la gente, y tu individualidad se expresa por sí misma en la música; emocionalmente estás desnuda. Me gusta seguir siendo yo misma. Eso quizás no agrade a todo el mundo. Podrá criticarse, pero me encanta la sinceridad en el arte. Hay que mantener la integridad respecto a una misma, ser fiel a la imaginación y la interpretación propias. Si no hay individualidad, si hacemos una copia de algo o simplemente obedecemos, no es arte. En el escenario no hay lugar para la mentira».

Además, en el escenario se cuenta una historia, la de la música, pero también la del encuentro entre el solista y la orquesta, entre la pianista y su instrumento. «Por lo general, los otros músicos llevan su propio instrumento. Ese no es el caso del pianista. El día del concierto, me gusta descubrir los caracteres diferentes de los pianos, con sus defectos y sus cualidades. Es como conocer a una persona. Un encuentro muy bello. Todo depende de nosotros dos, de cómo se desarrolle nuestra relación».  En efecto, este encuentro entre Khatia Buniatishvili y su piano, entre la solista y la orquesta sinfónica de las Baleares, dirigida por Joji Hattori, resultó ser de gran belleza en el concierto Mirabaud de París.

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Presente en la capital de Francia desde 2003, Mirabaud ofrece servicios de gestión patrimoniales y de activos a clientes privados e institucionales.

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