Cultura

Dos visiones entrelazadas de un galerista y un coleccionista

Cuatro tardes al año, el Quartier des Bains, el barrio flanqueado por el Arve (un río que nace en el Macizo del Mont-Blanc) y por la llanura de Plainpalais (donde se encuentra la sede de Mirabaud), entra en efervescencia. Todas las galerías de arte, así como el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo (MAMCO), se abren el público con motivo de sus inauguraciones.

Durante estas acertadamente denominadas «Nuits des Bains», miles de amantes y coleccionistas deambulan por este destacado centro de la cultura ginebrina para descubrir las últimas creaciones artísticas y departir con sus autores.

La organización de este acontecimiento imprescindible corre a cargo de la Asociación del Quartier des Bains, cuyo fin es promover el arte contemporáneo en Ginebra. Su presidente, Stéphane Ribordy, también regenta una galería de arte y comparte numerosos intereses con Lionel Aeschlimann, socio director de Mirabaud, patrocinador principal de la asociación. A los dos les apasiona el arte contemporáneo, y lo que es más, el galerista se solía dedicar a la gestión de fondos, mientras que Lionel Aeschlimann es el primer ejecutivo de Mirabaud Asset Management.

Stéphane Ribordy y Lionel Aeschlimann exponen para Mirmag sus vivencias como apasionados del arte contemporáneo y establecen paralelismos con el universo de las finanzas.

De aficionado a coleccionista

¿Cómo se iniciaron en el arte contemporáneo?  

Stéphane Ribordy Entré en contacto con el arte contemporáneo de joven, básicamente a través del nouveau roman. Leyendo a los autores de esta corriente literaria, como Claude Simon, Nathalie Sarraute o Alain Robbe-Grillet, fue como tomé conciencia del arte contemporáneo, que se distingue del arte tradicional de la misma forma que el nouveau roman se distingue de la novela clásica.

Fui a ver todas las exposiciones que pude, mi ojo se educó y pronto me entraron ganas de adquirir una obra. Después fueron pasando los años y, aunque yo no me consideraba más que un aficionado al arte, me di cuenta de que, a fuerza de adquirir piezas, me había convertido en un coleccionista.

Lionel Aeschlimann Mis padres me llevaban a menudo al museo con mis hermanos, y de pequeños a veces nos parecía algo aburrido siendo niños. A mis padres les gustaba sobre todo lo clásico, la antigüedad, los grandes maestros del Renacimiento italiano. Pero aquello indudablemente dejó una impronta en nuestra mente y en nuestros corazones y permitió que abriéramos los ojos y, quizá, el espíritu. Más adelante, fueron amigos los que me llevaron a ver exposiciones de artistas contemporáneos. De hecho, me convertí en coleccionista de arte contemporáneo sin realmente saberlo ni darme cuenta, gracias a mentores que me llevaron de la mano y poco a poco me abrieron los ojos. El arte contemporáneo era un mundo delante del cual pasaba sin verlo. Después, vi cómo surgía un universo que nunca había imaginado que pudiera existir, ni que tuviera tanta profundidad ni tanta belleza en el sentido de emoción.

¿Aprendieron a mirar con otros ojos entonces?

S.R. Desde la infancia, nuestros ojos están acostumbrados a formas de arte, esencialmente las clásicas. El arte contemporáneo es una expresión a la que no estamos acostumbrados, que propone nuevos planteamientos y permite entrar en un universo insospechado, suscitando reflexiones personales inexploradas.

L.A. El arte contemporáneo nos hace salir de nuestra zona de confort. Nos abre los ojos, despierta emociones fuertes y nos hace ver el mundo de forma diferente. Los artistas van 10, 15 o 20 años por delante de nosotros, ya que aprecian cosas que los demás no vemos y nos hacen verlas. A su manera, cada artista reinterpreta el mundo. Cada individuo ve el mundo con su educación, su cultura. El arte contemporáneo puede reventar, hacer saltar en mil pedazos esos corsés en los que nos hemos metido sin tan siquiera darnos cuenta. Esta apertura a otras formas de ver el mundo es hermosa. Una vez que se ha probado, es difícil dar marcha atrás.

En el arte, se distingue entre el coleccionista «celoso» y el coleccionista «exhibicionista». ¿En qué categoría se situarían?

L.A. Durante mucho tiempo renegué de la idea de ser un coleccionista, decía que tenía «flechazos». Después, me di cuenta de que no iba a ser capaz de deshacerme de una sola de las obras que había adquirido. Los coleccionistas «celosos» meten las obras en depósitos. Yo formo parte de la categoría de los que las muestran y quieren verlas permanentemente. Sufro cuando no puedo colgar todas las obras, así que las voy rotando. Me gusta vivir con ellas, verlas. No me canso. Trabajamos mucho, sufrimos estrés... el arte contemporáneo puede devolvernos a lo esencial. Eso da un sentido a la vida.

S.R. Yo encajo en dos perfiles: el de coleccionista y el de galerista. El hecho de ser coleccionista me llevó a tener una galería y a implicarme más. No quería únicamente poseer las obras, sino mostrarlas, compartir mi pasión, entablar y mantener un vínculo verdadero con los artistas. La galería es puro escaparate.

El arte contemporáneo es ecléctico. ¿Cómo se podría definir?

S.R. El término es amplio y abarca un sinfín de movimientos y estilos diferentes. El arte contemporáneo es una retranscripción artística de nuestro tiempo, de una realidad concreta, de un cuestionamiento. La diferencia esencial es que no hay límite en lo que respecta al cómo. El arte contemporáneo se manifiesta de diversas formas: vídeo, instalaciones sonoras o luminosas, pintura figurativa, abstracta, etc.

L.A. A lo largo de la historia, el arte se ha desarrollado dentro los límites de unos soportes nobles, como la pintura al óleo o la escultura en mármol. Con el arte contemporáneo, todo salta por los aires. Puede ser cualquier soporte, por ejemplo, un mero sonido, como esa pieza de Joseph Beuys en la Hamburger Bahnhof de Berlín, dónde solo se oía «sí» y «no» en alemán: «Ja, Ja, Ja, Ja, Nein, Nein, Nein, Nein... ». Para Lawrence Weiner, la obra es una idea, un texto, somos nosotros los que debemos ponerla sobre una pared con el formato que deseemos. Esa libertad completa es maravillosa, ya que estimula.

En realidad, el arte no tiene definición, del mismo modo que el arte no tiene función. Y es precisamente por eso por lo que es esencial. No se puede pasar del arte. El arte existe desde que existe el hombre. Se ha encontrado de la época Neandertal un hombre con una cabeza de león, lo que es una obra abstracta, una obra artística. El hombre siempre ha tenido esa necesidad de ir más allá de la realidad, de interpretarla, leerla, comprenderla, trascenderla.

PARALELISMO CON LA PROFESIÓN DE GESTOR DE FONDOS

El coleccionista, como el galerista, busca al mismo tiempo la obra que le complazca, pero también la que es singular y tenga potencial. ¿Existe un paralelismo con la profesión de gestor de fondos?

S.R. He trabajado durante muchos años en el mundo de las finanzas, como gestor de hedge funds. Una parte de mi trabajo consistía en seleccionar gestores, buscar el talento poco común. Eso es lo que me interesa también del arte contemporáneo; descubrir talentos antes que los demás es algo que me emociona. Por eso abrí la galería. No es por una cuestión comercial; es por la posibilidad de identificar al artista que sobresale por encima de los demás, el artista cuyas obras se desean coleccionar.

L.A. El gestor que selecciona empresas para invertir en ellas aporta una lectura del mundo teniendo en cuenta los aspectos macroeconómicos, políticos, sectoriales y fundamentales. El galerista también lee el mundo y lo retranscribe a su manera. El coleccionista es diferente: funciona más por flechazos que por cálculos.

¿Cómo escogen las obras, respectivamente, para la colección de Mirabaud y para su galería?

L.A. Mis socios me han encomendado que cree una colección empresarial, además de las obras que ya se poseen a título individual. Para la colección de arte contemporáneo de Mirabaud, escojo con el corazón, pero también me dejo aconsejar por especialistas, ya que se trata de una inversión para la empresa. Es un compromiso a largo plazo, para varias generaciones, por lo que la responsabilidad es diferente. Para una empresa como la nuestra, reunir una colección es también dar sentido a lo que hacemos y a nuestras inversiones. Las obras están expuestas en Suiza, pero también en nuestras diferentes filiales, en Zúrich, en Francia, en España, en el Reino Unido y en Luxemburgo. Nuestra colección, que está en proceso de constitución, es una colección de compromiso, con artistas consagrados y jóvenes valores.

S.R. Por mi parte, nunca voy a exponer un artista diciéndome «sus obras van a venderse como rosquillas». Cuando organizo una exposición, no pienso en absoluto en las ventas. Hay suficientes artistas para exponer primero lo que uno más aprecia. Hay para todos los gustos.

L.A. Me encantan las galerías. El galerista se implica y se convierte también en un artista creando una línea.  

UNA BUENA REPUTACIÓN EN LA ESCENA INTERNACIONAL

Gracias a las galerías agrupadas en torno a la Asociación del Quartier des Bains, Ginebra se posiciona como un importante centro de arte contemporáneo. ¿Cómo explican esta evolución?

S.R. En Suiza, después de Zúrich, Ginebra cuenta con una oferta de galerías e instituciones de calidad. Basilea también ocupa un lugar destacado, pero sobre todo gracias a sus instituciones. En la escena internacional, Ginebra es una plaza pequeña, pero su reputación es muy buena. Me ha sorprendido ver que algunos directores de museos en EE. UU. habían oído hablar del MAMCO e, incluso, de la Nuit des Bains.

Los artistas adoran venir aquí. Atraemos a los mismos artistas que en Nueva York, Los Ángeles o Londres. Tenemos menos exposiciones, pero la calidad de los artistas está ahí, por ejemplo Wade Guyton, una estrella internacional indiscutible que actualmente expone en el MAMCO.

L.A. Ginebra siempre ha sido una escena relativamente importante, ya que aquí se puede encontrar un buen número de coleccionistas suizos y extranjeros. Además, la cantera de coleccionistas se ha ampliado: provienen de Basilea, de Zúrich, pero también de Milán, París o Londres. Contamos con excelentes galerías y la ciudad es uno de esos lugares donde a los artistas se les promociona y presenta al mundo. Es una suerte para una ciudad de 500.000 habitantes. Su aura internacional resplandece en el ámbito del arte y la cultura. El MAMCO es el centro del Quartier des Bains. Es el faro en torno al cual se reúnen actualmente las galerías y en cuyas proximidades se encuentra el también magnífico Centro de Arte Contemporáneo, nuestro Kunsthalle. A este respecto, destacamos que uno de nuestros antiguos socios formó parte del selecto grupo de miembros fundadores del MAMCO, señal de que nuestra vinculación con el arte contemporáneo no es nueva.

Programa de exposiciones de mayo-agosto 2017

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