Internacional

Interpeace y Mirabaud: las finanzas al servicio de la paz

Interpeace tiene como objetivo crear las condiciones para una paz sostenible en zonas afectadas por la guerra. Como parte de su colaboración firmado en 2011, Mirabaud ofrece a sus inversores la posibilidad de actuar de manera socialmente responsable mediante la donación de parte de la comisión de uno de sus fondos a Interpeace.

El director General de Interpeace, Scott M. Weber, ha gestionado las actividades de la organización desde el año 2005. A continuación se analiza el concepto de la paz, las iniciativas prácticas sobre el terreno y la asociación de Interpeace con Mirabaud.

¿Es posible realmente construir la paz y que, además, sea una paz sostenible?

Tras una guerra o un conflicto, es fácil reconstruir las carreteras o los edificios, pero restablecer el vínculo entre las personas es mucho más complicado. Interpeace se centra precisamente en ese aspecto intangible. Despues de todo, para reconstruir la paz es imprescindible trabajar la confianza, una confianza que es preciso restablecer entre todas las partes afectadas: los combatientes, la población civil, las autoridades. Por otra parte, la paz, al igual que la confianza, no puede imponerse, debe crearse. Por eso es esencial construirla desde dentro, hacer que participen los gobiernos junto a los gobernados en su construcción conjunta. La mejor manera de garantizar que la paz tenga cierta perdurabilidad es encontrar soluciones entre todos.

¿Cómo se traduce su actuación sobre el terreno?

Cuando intentamos entender las causas de un desacuerdo, con frecuencia nos damos cuenta de que las diferentes partes del conflicto ven el problema desde perspectivas muy distintas. Unos están luchando para defender los pastos, mientras que los otros lo que intentan es asegurarse el abastecimiento de agua. A la hora de ayudar a las personas a resolver los conflictos, lo primero que hace falta, por tanto, es poner sobre la mesa los problemas para entenderlos mejor. Por eso, la primera fase es reunirse y escucharse. En segundo lugar, es necesario llegar a un acuerdo sobre la sociedad que queremos construir entre todos, decidir a donde queremos llegar. Y por último, hay que establecer una agenda. Cuando los puntos controvertidos son demasiado numerosos, hay que lograr que la gente tenga visión de futuro. ¿Qué país deseas realmente dejar a tus hijos? Esta pregunta permite desbloquear algunas situaciones.

Ustedes asisten a los actores para que construyan de forma cooperativa su paz, pero ¿con qué legitimidad lo hacen?

Como ya  he dicho antes, la paz no puede imponerse. Hasta el momento, las herramientas utilizadas eran interestatales, como las resoluciones de la ONU o los acuerdos de paz. Sin embargo, no conozco a nadie a quien le agrade que otros vengan a dictarle desde fuera cómo debe comportarse, es algo humano. Por esa razón la ONU creó Interpeace, para construir la paz con otros medios. Y este organismo es tanto más eficaz por cómo han evolucionado los conflictos. Desde la caída del muro, las guerras entre Estados han disminuido. Ahora suelen producirse estallidos internos en el seno de las naciones. En ese contexto, no nos presentamos sobre el terreno imponiendo a los contendientes soluciones prefabricadas. Nuestro objetivo es identificar a los interlocutores que ofrecen mayor credibilidad y, por ende, más legitimidad ante los ojos de sus compatriotas, para hacer llegar sus mensajes, defender sus puntos de vista y alinear sus intereses con los de sus adversarios. A veces resulta sencillo localizarles, pero otras necesitamos meses de consultas para encontrar a las personas adecuadas. Pero, al final, esto permite que los actores hagan suyo el proceso; cuando los malienses lanzan su «diálogo nacional» o cuando los somalíes del norte organizan elecciones para culminar la primera transición democrática de la región después de 20 años, pueden decir: «Lo hemos hecho nosotros», y es legítimo. Es su legitimidad la que nos legitima a nosotros.

Tras 20 años de actividad, ¿cuáles son los logros de los que está más orgulloso?

Nuestro mayor éxito es nuestro balance. La mayor parte de las naciones o regiones a las que hemos ayudado a construir un equilibrio no han recaído en un conflicto: Ruanda, Mozambique, Timor Oriental, Aceh, Somalilandia, Liberia y Guatemala.

¿Y qué es lo que prima a la hora de decidir si es preferible intervenir aquí o allá?

Hacemos un seguimiento constante de lo que ocurre en el mundo y también de aquellos lugares donde creemos que podemos actuar de forma preventiva, porque los desacuerdos futuros con frecuencia nacen de las cenizas de antiguos conflictos. Ahora bien, la construcción de la paz solo es posible si los actores presentes quieren la paz. Cuando alguno sigue pensando que puede ganar la guerra, como ocurre en Siria, la situación no está aún madura para entablar conversaciones. Así pues, evaluamos nuestras decisiones de intervenir en función del impacto que podemos tener sobre el terreno.

En su opinión, ¿qué personalidad simboliza mejor la paz?

Los artesanos de la paz, los constructores de la confianza, esas hormiguitas que trabajan día a día son, en mi opinión, las figuras más emblemáticas. Pienso especialmente en el tristemente desaparecido Dr. Naasson Munyandamutsa, antiguo responsable de nuestra estructura en Ruanda. Él, que perdió a 22 miembros de su familia en el genocidio, él, que, refugiado en Suiza, tenía por delante una brillante carrera de jefe de clínica de psiquiatría, ¿qué hizo? Volvió a su tierra para poner sus capacidades al servicio de los suyos y de su país. Para ayudar día tras día a curar las heridas del trauma. Un ejemplo a seguir.

¿Qué ventajas tiene para Interpeace proyectarse desde Ginebra?

Interpeace, aunque es independiente de la ONU, surge de su estructura, por lo tanto tiene cierta lógica que tengamos nuestra sede en Ginebra. Pero, sobre todo, Ginebra es la ciudad de la paz por excelencia. Diálogos, negociaciones, instituciones, centros de estudio la han elegido como sede, y es por algo. Asimismo, Suiza es el Estado anfitrión de nuestra iniciativa y para Interpeace la «etiqueta suiza» es una enorme ventaja, sobre todo cuando actuamos en países que no quieren oír hablar ni de la ONU ni de naciones con intereses demasiado parciales.

Desde 2013, ustedes organizan conversaciones de paz, «Peace Talks» ¿Con qué objetivo?

La primera «Peace Talk» la organizó en 2013 Interpeace, en colaboración con la Plataforma de Ginebra para la Consolidación de la Paz y la Oficina de las Naciones Unidas de Ginebra. Contó, asimismo, con el respaldo del gobierno suizo. La finalidad del evento era presentar historias inspiradoras de personas que contribuyen a la paz de forma excepcional. Mientras que la naturaleza de los conflictos violentos cambia y se hace cada vez más compleja, los debates en torno a las soluciones posibles se han vuelto cada vez más técnicos y han quedado confinados al ámbito de la política y de la seguridad. En consecuencia, muchas personas ya no saben cómo contribuir de forma práctica a la resolución de conflictos. Las «Peace Talks» ponen de relieve que el proceso de consolidación de la paz no es solo una labor técnica de expertos. Todo el mundo puede hacer algo, incluso a su escala, y todos pueden participar en la construcción del futuro de su país.

Bertrand Bricheux (Mirabaud Asset Management), Yves Evard (Mirabaud), Georges Paulez (Mirabaud), Sylvain Racine (Mirabaud), Emmanuel Jal (former child soldier in southern Sudan), Scott Weber (Interpeace)

Interpeace, que cuenta con el apoyo de gobiernos e instituciones, solo tiene el apoyo de dos actores privados, y uno de ellos es Mirabaud. ¿Este sector se desinteresa de la acción humanitaria?

Lo que el sector privado busca en primer lugar es el beneficio. En ese sentido, la rentabilidad a corto plazo no es nuestro principal valor. El sector de la paz es, además, un ámbito muy particular. Por eso mismo, nosotros nos mantenemos, por nuestra parte, alertas y muy selectivos, sobre todo hacia quienes tratan de comprarse una reputación. Pero las cosas están cambiando y los actores privados ya empiezan a acercarse a nosotros con más frecuencia. La asociación con Mirabaud, en ese aspecto, es precursora y pionera.

¿Qué interés puede tener el mundo de las finanzas en ponerse al servicio de la paz?

La relación es bastante fácil de entender. Como dice Lionel Aeschlimann, socio de Mirabaud: «No hay crecimiento económico sin paz. Pero tampoco hay paz sin crecimiento económico». Creo que eso lo dice todo. Ganamos todos en este asunto, tanto las partes en conflicto como la población civil y la economía en general.

¿Cuál sería su balance de la colaboración con Mirabaud?

Hace ya cinco años que iniciamos esta asociación y no hay día que no me asombre la calidad de nuestra colaboración. Además, va mucho más allá del simple apoyo financiero, aunque este sea notable en su planteamiento, ya que permite a los inversores participar en la estabilidad de las economías emergentes. Esta asociación nos permite acceder a un mundo de personalidades a quienes nos resultaría difícil llegar sin la mediación de Mirabaud. Más allá de estos aspectos, lo que nos une sobre todo es un conjunto de valores compartidos, y ahora me refiero especialmente a la humildad y al espíritu de diálogo. Nuestro intercambio es sin duda provechoso, ya que nos hace reflexionar en profundidad sobre las mejores formas de adecuar la economía al interés público.

¿Qué es un fondo de distribución?

Los fondos de distribución son fondos de inversión en los que una parte de los ingresos anuales es abonada por el suscriptor en forma de donación a una asociación, organización o fundación, determinada de antemano. Se inscriben en una política de inversión responsable.

Biografía

Scott M. Weber, Director general de Interpeace

Scott M. Weber fue nombrado director general en 2005 por el entonces presidente del Consejo de Administración, premio Nobel de la Paz y antiguo presidente de Finlandia, Martti Ahtisaari. En 2009, fue elegido Líder Juvenil Mundial por el Foro Económico Mundial que, cada año, reconoce a los «200 líderes juveniles, de menos de 40 años, más destacados del mundo».

Scott M. Weber comenzó su carrera en el seno de las Naciones Unidas, en principio en el ámbito de la prevención de catástrofes y después en asuntos políticos. Es miembro de la Young President’s Organization (YPO), de la Chatham House (Reino Unido), así como del Comité de orientación de la plataforma de consolidación de la paz en Ginebra. Es miembro, asimismo, de los consejos consultores del Centro de políticas de seguridad (GCSP) y del Centro para el control democrático de las fuerzas armadas (DCAF).