Vela

¿Quién lleva el mando a bordo? El liderazgo en el Spindrift racing

Pasar mes y medio en el mar, catorce personas dentro de un barco, en un espacio vital del tamaño de un dormitorio, exige cualidades humanas extraordinarias. Si a eso se le añade un objetivo de envergadura, a saber, batir el récord de la vuelta al mundo a vela, la experiencia se convierte en un auténtico reto.

¿Quién lleva el mando a bordo? ¿Cómo se toman las decisiones? ¿Qué relaciones establecen los marineros entre sí? Yann Guichard, patrón del Spindrift 2, analiza el concepto de «liderazgo» en el contexto de «su» Trophée Jules Verne, un laboratorio a escala real de una cualidad que no es privilegio exclusivo de los directivos de empresa.

¿Qué es un líder?

Un líder es una persona que sabe tomar decisiones, desde las más fáciles hasta las más difíciles. Es un conductor de personas, alguien que sabe convencer y establecer una confianza mutua con su equipo para aunar y movilizar las energías en torno a una acción colectiva. Un líder deber ser capaz de decidir e imponerse, a través del ejemplo sobre todo.

Patrón de barco, empresario, ¿cómo se materializa el liderazgo en sus funciones?

A través del intercambio y la puesta en común de información con mis colaboradores en tierra y con los miembros de mi tripulación en el mar. No soy un líder que se impone por la fuerza. En cualquier circunstancia mantengo la calma y escucho, sin perder nunca de vista el objetivo final y la realidad del momento, con sus limitaciones y sus oportunidades. Un buen líder es responsable de saber tomar las decisiones adecuadas.

¿Cómo logra motivar a su equipo en torno a un objetivo común y exigirles resultados?

Todas las personas de mi equipo son competidores a los que he elegido no solo por sus cualidades como navegantes, sino también por su espíritu de competición. Estamos ahí ante todo por el rendimiento deportivo. Pero cuando se trata de un reto como el de la vuelta al mundo, más allá de la competición, es esencial el aspecto humano y la noción de compartir. Trabajamos previamente mucho la cohesión del equipo, ya sea haciendo deporte, navegando o pasando tiempo juntos para reforzar los vínculos. Esto permite que cada uno desarrolle su capacidad para ver antes el objetivo común que el objetivo deportivo personal, aunque en el fondo todos lo busquemos. Las competencias individuales no bastan en una tripulación, lo más importante es que el conjunto sea fuerte.

La organización en el Spindrift 2: ¿régimen militar o democracia participativa?

Yo diría que un poco de las dos cosas. Cada persona a bordo tiene una o varias funciones y responsabilidades. Cada uno aporta algo, su experiencia y sus conocimientos. Sin embargo, la decisión final siempre la tomo yo, porque soy el que tiene una visión de conjunto. Una mala decisión o un error por descuido puede tener consecuencias dramáticas en un barco en lo que respecta a seguridad. Por ello, es preciso establecer normas estrictas, como el descanso de los miembros de la tripulación, la organización de las guardias, el mantenimiento del material, las maniobras y la elección del tipo de vela según las condiciones del mar. A bordo, yo soy el garante de las normas y de su aplicación. Sin embargo, para motivar a los demás y que den lo mejor de sí mismos, hay que responsabilizarlos y confiar en ellos. Yo me apoyo en los responsables de guardia para delegar ciertas decisiones, dentro de unas reglas previamente establecidas. Pero siempre estoy con un ojo avizor, es mi responsabilidad y mi deber de buen marino.

Durante el Trophée Jules Verne, ¿ha tenido que tomar alguna decisión cuyas consecuencias hayan cambiado el curso de la aventura?

Dirigir una tripulación en una aventura como la de la vuelta al mundo supone tomar decisiones cada día y, a veces, casi cada hora. Es una carrera de resistencia en la que es absolutamente necesario saber dosificar los esfuerzos para aguantar hasta el final, tanto en lo que respecta al equipo como al material. A veces hay que tomar la difícil decisión de ralentizar el ritmo para a luego acelerar mejor.  Hay que evitar poner a la tripulación al borde del colapso o en situación de peligro, aunque se pierda terreno. El trabajo del patrón del barco es saber juzgar la situación, tener en cuenta todos los parámetros -estado del mar, del viento, del barco y, por supuesto, de la tripulación- para establecer el tempo correcto. El patrón del barco es un auténtico director de orquesta. En este Trophée Jules Verne, la decisión más difícil ha sido no poner rumbo hacia el Sur en el mar de Ross. Habríamos ganado 30 horas en el paso de Cabo de Hornos. Sin embargo, habríamos navegado cerca de la banquisa y el riesgo era considerable. No lamento en absoluto haber tomado esta decisión.

¿La opinión de los demás miembros de la tripulación y de los especialistas de tierra ha influido en alguna de las decisiones tomadas?

Realmente la función del patrón del barco es también saber gestionar las opiniones, a veces divergentes, de los marineros. No siempre es fácil hacerles aceptar que hay que ralentizar el ritmo o una decisión como la de no poner rumbo al Sur. Ahí es donde se ve si eres un buen líder, capaz de aunar al equipo en torno a una decisión difícil. Tanto los especialistas desde tierra, como los meteorólogos y quienes estudian las rutas, nos dan las herramientas para tomar decisiones, pero no están ahí para decidir en mi lugar. A bordo, la realidad suele ser muy diferente de la teoría. En el barco, cuento con los responsables de guardia y un navegador. Son mis lugartenientes. Cuando duermo, los responsables de guardia pueden tomar decisiones como arrizar o realizar cambios de velas, siempre respetando las reglas previamente establecidas. Confío en ellos. Lo mismo que confío en el marinero que lleva el timón. Tiene la vida de la tripulación en sus manos.

¿Cómo ha seleccionado a los miembros de su tripulación?

Dona Bertarelli y yo hemos elegido personas en las que confiamos, tanto por lo que respecta a su rendimiento como por ser marinos como nosotros que comparten nuestros valores.  No nos veíamos zarpando con un equipo de «mercenarios». Zarpar para dar la vuelta al mundo no es cualquier cosa. Queríamos saber lo que se escondía, desde el punto de vista humano, detrás de cada miembro de la tripulación. A bordo, durante 47 días en condiciones hostiles, no se puede hacer trampa, el factor humano, el saber convivir, tiene consecuencias importantes en los resultados. Hoy día, para batir un récord como el Trophée Jules Verne, hay que ir cada vez más rápido y los barcos son cada vez más potentes. Yo provengo de la especialidad «vela olímpica» y aprecio la disciplina que nos impone como atletas. Por ello, he elegido una combinación de regatistas, de excelentes pilotos y de corredores de fondo.

¿Qué criterios considera más determinantes para forma un equipo que funcione?

La confianza, el respeto, la capacidad de escuchar, el espíritu de equipo y el sentido marino.

¿Existe una jerarquía a bordo?

Sí, sí que existe una jerarquía y es importante. Esto funciona exactamente como una empresa. Hay un jefe -el patrón del barco-, responsables de guardia, tripulantes, así como responsables de seguridad, alimentación, salud, velas, etc. Cada uno ocupa su lugar en función de sus aptitudes y sus cualificaciones.  Cada uno conoce sus obligaciones y sus responsabilidades. Todos funcionan de forma autónoma en lo que respecta a su misión, al tiempo que informan a su superior jerárquico respectivo.

¿Cómo es la vida a bordo durante mes y medio de navegación?

Todo ha ido muy bien a bordo, el ambiente ha sido excelente. Todos hemos dado lo mejor de nosotros mismos y no tenemos nada que lamentar. Si en ocasiones ha habido pequeñas tensiones, agudizadas por el cansancio, se han dejado rápido atrás. El carácter complementario de las personalidades permite mantener el equilibrio.