Sobre el agua

Jacques Rougerie, El guardián de los Océanos

Es conocido como el arquitecto de los mares. Académico y perteneciente al pueblo de Mériens (habitantes del mar), creador de casas submarinas, Jacques Rougerie ultima los detalles del SeaOrbiter, un laboratorio flotante que debería revolucionar nuestro modo de vivir.

SeaOrbiter. Un laboratorio oceanográfico flotante. Un objeto a la deriva destinado a la observación de las profundidades marinas, cuyos fondos abisales siguen, hoy día, inexplorados en un 95%. El hombre ha llegado a la Luna, ha enviado cientos de satélites al espacio e incluso ha posado una rueda en Marte. Sin embargo, sigue desconociendo la inmensa mayoría de la superficie terrestre.

¿A qué se debe? «Yo me pregunto lo mismo desde que soy pequeño», responde Jacques Rougerie, que pronto cumplirá 68 años y cuya profesión oficial, y de ensueño,  es arquitecto de los mares. De hecho, se lo plantea desde el 12 de abril de 1961, día en que vio al cosmonauta soviético Yuri Gagarin convertirse en el primer hombre  en realizar un vuelo espacial. Y siempre el mismo interrogante: ¿por qué los hombres han invertido tanto en la carrera del espacio (él, que tiene por compañero de aventuras al espacionauta Jean-Loup Chrétien) y han abandonado prácticamente los fondos marinos? Un medio, no obstante, en el que seguimos desconociendo el 85% de la biosfera marina, a pesar de que los océanos constituyen el 71% de la superficie del planeta.

«Existe un temor ancestral ligado al imaginario marino, nos explica. En el pasado, el mar era sinónimo de muerte desde que uno caía en sus aguas. Por otra parte, antes, los marineros no sabían nadar. Y, además, las obras literarias, como El viejo y el mar de Hemingway o las novelas de Julio Verne, no han contribuido a recomponer esa imagen, ya que incorporan la intervención de monstruos marinos. Y luego, hay que decir también que, durante mucho tiempo, el mar se ha percibido como un mundo sin colores.

El cambio de opinión no se produjo hasta la aparición de la película. El mundo del silencio, de Jacques-Yves Cousteau, o la llegada de Eric Tabarly, quien, a través de su planteamiento de la vela, ha permitido un acercamiento más sensorial al mar. Pero, en todo caso, ha hecho falta dejar pasar dos o tres generaciones para que se operara ese cambio».

“ Jacques Rougerie esboza los primeros bosquejos de ese animal marino aún no identificado.”

Un iceberg de aluminio

Hablemos, pues, del SeaOrbiter. Un sueño nacido en las orillas del lago Lemán, a lo largo de una conversación con su amigo Jacques Piccard, oceanógrafo suizo, hijo de Augusto, padre de Bertrand, que ostenta el récord de inmersión (-10 916 m) en la fosa de las Marianas, a bordo del batiscafo Trieste.

Tirando del hilo de los primeros recuerdos que forjan las leyendas, recuerda al profesor Piccard diciéndole: «Jacques, sería absolutamente necesario que intentemos volver a la Corriente del Golfo, allí pasan muchas cosas... es preciso que inventemos una máquina extraordinaria para realizar nuevas exploraciones, pero no puede tratarse de un barco, tampoco puede ser un submarino, hay que dar con otra idea».

A Jacques Rougerie no le hizo falta más para empezar a esbozar los primeros bosquejos de ese animal marino aún no identificado. Este arquitecto de los mares, que ha alcanzado la inmortalidad tras ser nombrado miembro el 3 de junio de 2009 del Instituto de Francia, en el seno de la Academia de Bellas Artes, ha concebido numerosos proyectos célebres: las casas submarinas Galatea e Hipocampo; los proyectos Aquabulles y Aqualab; el trimarán Aquaspace, ya en aluminio y dotado de un casco transparente para empezar a «ver en la Corriente del Golfo».

SeaOrbiter, por su parte, será una especie de nave espacial submarina, que deberá permitir llevar aún más lejos una experiencia de más de treinta años, y vivir bajo el mar de forma continuada, con total autonomía.

Un centinela de los mares

Para poder tener «los ojos bien abiertos al mundo submarino, 24 horas al día», contará con grandes ojos de buey de 2,20 m de diámetro, versión contemporánea del Nautilus del capitán Nemo. Permitirá, además, realizar salidas de forma extravehicular, con independencia de las condiciones meteorológicas por medio de pequeños submarinos, de Rov (robots teledirigidos) o de AUV (drones submarinos). A bordo de esta nave, habrá un equipo de 22 investigadores y científicos. Ya que, como reza la inscripción grabada en su espada de académico, «el destino de las civilizaciones venideras surgirá del océano».

Atento observador, se ha inspirado en el hipocampo para diseñar las formas de su proyecto. Pero su reflexión ha sido mucho más práctica. Ha partido de una boya, objeto flotante por excelencia, para determinar de entrada lo que podría ir a la deriva con mayor seguridad. Después ha tratado de lastrarla por debajo.

Ya estaba todo listo. La maqueta 1/10, probada en un túnel hidrodinámico, demostró «que un mar embravecido no altera ni la estabilidad ni el funcionamiento de la estructura». «Algunos especialistas a quienes he hablado de mi idea no creían lo que oían, y se preguntaban cómo no se le había ocurrido antes a nadie», suelta con malicia este meriano de 1,90 m de altura.

La construcción mide 58 metros de alto, de los cuales 31 estarán sumergidos. Pesará 550 toneladas y albergará a numerosos investigadores y científicos de todo tipo en doce niveles, seis de ellos bajo el mar. Ecocompatible, se pretende construir al 100% con materiales reciclables. Extraerá su propia energía de grandes turbinas de viento verticales, de los captadores de olas y de una piel solar de 340 m2.

Un observatorio tecnológico

«Se trata de una aventura humana cuya finalidad es causar impresión para provocar ambiciones. Los niños de hoy son los industriales del mañana. Es importante sensibilizarlos desde ya, porque todos formamos parte de la Blue Society», explica Rougerie. La economía azul. «SeaOrbiter es una especie de centinela que nos hará comprender que una parte del destino de la humanidad surgirá del mar. Por ejemplo, las energías renovables, o los alimentos del futuro, o la farmacología del mañana, o simplemente el conocimiento de la biodiversidad...»

Pero el ser humano podría encontrarse, con el tiempo, condenado a vivir en los océanos. La respuesta es clara: «No. El ser humano carece por completo de esa vocación.  Creo que construirá algo más alto, se refugiará en las alturas si se encuentra ante la amenaza de cataclismos». Por lo tanto, el escenario de Waterworld está descartado. En esto, podríamos ver solo una vuelta de la historia, puesto que las poblaciones habitan en el litoral desde hace poco tiempo. «En el siglo XIX, asegura, solo un 5% de la población vivía a lo largo de las costas. En el año 2000, cerca de un 50% (de una población de 7000 millones de habitantes) se ha instalado en ellas. Y se espera que en 2030 represente cerca del 75% de la población, la cual para entonces ya rondará los 9000 millones de habitantes».

Cuando le preguntamos sobre la posibilidad de ver los océanos transformados en un inmenso terreno de juego privatizado, un Aqua World que agote y contamine los recursos marinos, nos tranquiliza. Argumenta que si contabilizásemos el conjunto de todo lo que se ha construido hasta el momento de un extremo al otro del planeta, apenas lograríamos cubrir la superficie de un departamento francés. Visto así, queda cierto margen. Y pensar que la mirada terrestre sufre para ver más allá de su nariz, que le cuesta imaginar el mundo más allá de la línea del horizonte. Entonces se enciende: «Hace poco, he vuelto a discutir con el responsable de un submarino de la armada francesa y ¿sabe lo que me ha dicho? Según él, quedan más de 10 000 montañas más altas que el Everest por clasificar bajo el nivel del mar: ¡10 000!». «Recientemente, se entusiasma, se ha descubierto, incluso, un continente entero, sí, sí, entero, frente a Madagascar. Es increíble, no conocemos este mundo, nos queda todo por descubrir».

“ Generar innovación y audacia entre las jóvenes generaciones.”

Un laboratorio itinerante

¿Cuál es su objetivo? «Generar innovación y audacia entre las jóvenes generaciones. Creo enormemente en la tecnología y en el ingenio humano para hacer avanzar el futuro de la humanidad. ¿Sabe?, durante mucho tiempo, de hecho desde la publicación de las obras de Darwin, se pensaba que no podía haber vida sin fotosíntesis. Y ahora constatamos que aún desconocemos más del 95% de las especies que hay sobre la Tierra y que la mayor parte vive en zonas inaccesibles a la luz del sol». Jacques Rougerie es incansable en un elemento que lo ha acunado desde su infancia, cuando la ola atlántica lo precipitó sobre las costas africanas.

La llegada de la Blue Society

Ahora, SeaOrbiter no es solo un barco oceanográfico que viene a continuar los trabajos realizados en la goleta Tara; es también una «herramienta de comunicación». Es decir, que en la era de las redes sociales y de la comunicación instantánea, todos los datos científicos que vayan recogiendo los distintos equipos de científicos que se vayan sucediendo deberán comunicarse  al mayor número posible. Como un programa de Código abierto, pero que aquí estará bajo control de Google.

“ Jacques Rougerie imagina una larga aventura de diez años...”

La sociedad californiana propondrá un servicio en tiempo real y una puesta al día informativa en cincuenta y seis idiomas, como lo que hace la Nasa en cuanto se trata de seguir, en sus detalles más nimios, la peregrinación de una misión de un satélite en marcha.

«Todo está listo, afirma. Se han realizado pruebas en un túnel hidrodinámico en el instituto noruego de investigación en tecnología marina de Trondheim (el Marintek), los astilleros solo esperan la luz verde para empezar. En torno al SeaOrbiter, se ha constituido un consorcio industrial dirigido por el grupo Hervé, y Technip (offshore), la Comex, Véritas, CMN (Compagnie maritime Marseille Corse).

Ese consorcio está preparado para empezar a construir. Contamos como socio financiero con Rolex». La aventura está en la línea de salida. Solo espera los últimos desbloqueos financieros. Y una posible botadura para septiembre u octubre de 2014.La aventura de una vidaLa primera misión, después de las pruebas en el Mediterráneo, que durarán unos nueve meses, consistirá en dejarse llevar a lo largo de la Corriente del Golfo. Recuerde el sueño formulado junto con Jacques Piccard. Jacques Rougerie imagina una larga aventura de diez años, que equivale a la duración de un viaje espacial a los confines de la galaxia.

Luego, habrá que construir una segunda nave para explorar el Pacífico, y así sucesivamente, para acabar creando una auténtica red de SeaOrbiters en todos los mares del planeta y establecer una red mundial de centinelas. Y para concluir: «Lo que es preciso entender es que estamos trabajando para los próximos quinientos o mil años. Todavía tienen que ocurrir cosas hermosas en nuestro planeta. Por eso debemos aceptar ampliar nuestros límites e ir a ver lo que pasa más allá de nuestro horizonte».

Para leer

De 20 000 lieux sous les mers à SeaOrbiter, Jacques Rougerie y Alexandrine Civard-Racinais, Editions Democratic Books 256 páginas.

Características técnicas

Algunas características específicas del SeaOrbiter, para la parte visible

+18,50m: en la parte superior, un sistema de comunicación, antenas y radomos y un puesto de vigía con una vista panorámica de 360 grados.

+11,50m: almacenaje de los anexos.

+9,40m: cubierta superior de operaciones marítimas, salas de máquinas y zonas de almacenaje.

+6,80m: local de buceo y laboratorio científico húmedo.

+4,20m: puente de mando.

+1,60m: laboratorio multidisciplinar modular, zona de atención médica y espacio de fitness.

Parte sumergida

–1,00m: camarotes y cabina del capitán.

–3,60m: camarotes.

–6,20m: zona de comunicación e instalaciones sanitarias.

–8,80m: cabinas en zona a presión atmosférica y reservas.

–11,60m: cabinas en zona presurizada, hangar submarino y zona de buceo.

–13,90m: zona técnica, acceso submarino y buzos.

Misiones científicas

Los futuros proyectos de misiones

- El hombre bajo el mar: estudios en paralelo con los organismos aeroespaciales sobre la fisiología y la psicología de las tripulaciones en medio confinado durante largos periodos;

- Seguimiento de la contaminación: aerosoles, procesos de bioacumulación de contaminantes;

- Estudios de la diversidad biológica: oasis de vida en medio de los océanos gracias al fenómeno de agregación asociado a las estructuras a la deriva, gestión de los recursos, exploración de los montes submarinos;

- Estudios del clima a través de las observaciones de las corrientes: temperaturas, impacto del CO2, intercambios gaseosos, calibrado de medidas satelitales.

Información extraída de www.plongeur.com

Los valores añadidos del SeaOrbiter

- Permanencia y continuidad de la observación y la investigación en el fondo oceánico;

- Realización de misiones de larga duración;

- Registro y transmisión de datos observados en su mayor parte en tiempo real;

- Capacidad de desplegar numerosos dispositivos de exploración directamente bajo el mar;

- Capacidad para operar en modo silencioso.

Más información en http://seaorbiter.com, en http://fondationjacquesrougerie.fr y www.rougerie.com