Vela

La vuelta al mundo a vela, historia de un desafío

El deseo de dar la vuelta al mundo existe desde que la Tierra es redonda. La revolución de los medios de transporte en los siglos XVIII y XIX modeló ese fantasma del imaginario colectivo.

Salir a la conquista de esa esfera y franquear las fronteras del tiempo recorriéndola a la máxima velocidad posible: una aspiración que encarnó Phileas Fogg, que apostó a conseguirlo en 80 días.

Seguir los pasos del célebre personaje de Julio Verne y dar la vuelta al mundo en ese tiempo. Por mar. Solo algunos navegantes soñaron con hacer realidad esa quimera. La idea germina por primera vez en 1985 en la mente de Français Yves Le Cornec, que planea rearmar, para una vuelta al mundo, el trimarán gigante de Eugène Riguidel en el que acaba de atravesar el Atlántico a una velocidad media de 12,98 nudos en la carrera Quebec St-Malo. Según los cálculos, este rendimiento permitía prever una circunnavegación de 80 días... Pero el proyecto fracasa por falta de financiación. 

Cinco años más tarde, en 1990, cuando Titouan Lamazou gana la Vendée Globe (vuelta al mundo en solitario) en 109 días, 8 horas y 48 minutos, resurge la idea. Una tarde de agosto, Yvon Fauconnier convoca a un grupo de navegantes a su gabarra, entre ellos Florence Arthaud, Bruno y Loïck Peyron, Jean-Yves Terlain, Titouan Lamazou, Sir Peter Blake y Robin Knox-Johnston. Entre todos crean la asociación «Vuelta al mundo en 80 días», que marca el principio de una invitación entre marinos a desafiarse en un recorrido contra el crono alrededor del mundo.  La regla del juego: mejorar el récord de la vuelta al mundo a vela pasando por los tres cabos: Buena Esperanza, Leeuwin y Hornos. La línea de salida y de llegada se trazó entre el cabo Lizard (extremo sur de Inglaterra) y el faro de Créac’h, en Ouessant. Así nació el Trofeo Jules Verne.

El primer Jules Verne fue apasionante porque muchos lo consideraban un reto imposible. Un poco como abrir una nueva ruta de montaña.

Bruno Peyron

En 1993, Bruno Peyron, el miembro de más edad del grupo, fue el primero en aceptar el desafío y en convertirse en ganador del Trofeo Jules Verne. Al timón del Commodore Explorer, concluye la circunnavegación de 21.760 millas (unos 40.000 km) en 79 días, 6 horas, 15 minutos y 56 segundos. Esa primera vez dejó un sabor especial en el mayor de los Peyron: «El primer Jules Verne fue apasionante porque muchos lo consideraban un reto imposible. Un poco como abrir una nueva ruta de montaña». A la emoción del viaje a lo desconocido se unía la certeza de estar ante un campo de nuevas posibilidades. Sir Peter Blake y Olivier de Kersauson, que partieron al mismo tiempo, se vieron obligados a abandonar. Más tarde, ambos se tomarían la revancha. El neozelandés, en compañía de Robin Knox-Johnston, se hizo con el récord en 1994, en 74 días, y el bretón en 1997, en 71 días.

Después, Kersauson y Peyron se enzarzan en un mano a mano: uno para ti, uno para mí. Bruno Peyron recupera el récord en 2002, reduciéndolo a 64 días. «L’Amiral» bretón vuelve a hacerse con él en 2004, en 63 días, para volver a cedérselo a Peyron en 2005. Ese año, Peyron, entre cuyos tripulantes se encontraba especialmente el suizo Bernard Stamm, consigue acortar el tiempo de referencia nada menos que en 13 días. La vuelta al mundo en 50 días se hace realidad en ese momento.

Y la historia se repite cada vez: el crono se reduce y los superlativos se suceden. Lo que suscita la pregunta inevitable: ¿hasta cuándo seguirán bajándolo? En sus primeros 20 años de existencia, entre 1990 y 2009, el Trofeo Jules Verne fue el instigador de una revolución en toda regla y nunca ha dejado de ser codiciado: al menos 21 tentativas, solo 6 de ellas con éxito.  En 2010, Franck Cammas, con Groupama 3, inscribe su nombre en el palmarés con un tiempo de menos de 50 días. En 2012, Loïck Peyron lo mejora: a bordo del Maxi Banque Populaire V, que no es otro sino el actual trimarán Spindrift 2, este marino de Baule y su tripulación marcan un nuevo crono de referencia: 45 días, 13 horas, 42 minutos y 53 segundos. Y ese es el tiempo que Yann Guichard, Dona Bertarelli y su equipo tratarán de mejorar este invierno.