Cultura

Un banquero y un director de orquesta contrastan puntos de vista

Entrevista cruzada entre Joji Hattori, célebre director de orquesta de los Conciertos Mirabaud, y Etienne d’Arenberg, director de Mirabaud & Cie SA. Hablan de su amor por la música clásica.

Una vez dejado atrás el último pueblo, la carretera discurre por una ladera salpicada de residencias de campesinos y luego se adentra en un bosque frondoso en el que el sol apenas logra abrirse paso. De pronto aparece el Wallersee, en perfecta calma. Este lago de montaña, bordeado de grandes granjas, que desprende serenidad bajo la bella luz matinal, es una imagen típica de la región de Salzburgo.

Frente a ese decorado repleto de armonía, el músico y director de orquesta austrojaponés, Joji Hattori, recibe en su residencia de verano. Mientras Salzburgo, la ciudad de Mozart, a tan solo unas docenas de kilómetros,  vibra bajo la efervescencia de su festival, él prefiere pasar aquí unos días tranquilos. Su amigo Etienne d’Arenberg, director de Mirabaud & Cie SA, ha ido a visitarlo. Se han reunido para hablar de la pasión que los une: la música clásica. Son amigos desde hace muchos años y seguramente no queda ningún tema del que no hayan hablado, desde los más serios hasta los más frívolos. La complicidad entre Etienne d’Arenberg y Joji Hattori es comunicativa, desbordante.

¿Recuerdan sus primeras emociones musicales siendo niños?

Etienne d’Arenberg: Yo no crecí con la música, sino con la pintura, admirando a los grandes maestros que mi padre me hizo descubrir en mi juventud. El hechizo de la música me llegó, creo, a través de la música sacra, especialmente de Mozart. Mi amor por la ópera despertó más tarde, en Londres, gracias a mi esposa.

Joji Hattori: Mi madre era violinista profesional, de gran prestigio en Japón, y mi padre, músico aficionado, era un gran melómano y un coleccionista apasionado de grabaciones musicales. Etienne adora la ópera; yo amo profundamente la música de cámara porque tiene algo de conversación entre amigos que charlan en la sobremesa. Hay un riesgo en un entorno tan íntimo. A veces, cuando uno pone una emoción especial en su fraseo, todo puede venirse abajo si a los demás no les gusta eso... Lo que me apasiona de la música es el efecto que provoca en quienes la escuchan; es capaz de crear un ambiente y de modificarlo. Es algo que no consigue, por ejemplo, la pintura; al menos no de forma colectiva. En Japón, la música se consideraba un entretenimiento porque durante mucho tiempo ese fue el punto de vista de la corte imperial. Sólo se consideraban nobles las artes japonesas tradicionales, como las formas teatrales, que son el nô y el kabuki, o la música sacra del sintoísmo. Personalmente, yo no hago distinciones entre las formas de expresión artística.

¿Prefieren la música y el arte clásicos?

Etienne d’Arenberg: Personalmente, me gusta la música sin amplificar y las sonoridades de la voz me conmueven profundamente. Pero eso no me impide, en absoluto, apreciar el proceso mismo de la creación contemporánea, la moda, la arquitectura o el diseño. Creo que es preciso conocerse para poder abrirse y utilizar la propia esencia, la propia energía, para ir al encuentro del otro y crear cosas nuevas.

Joji Hattori: A veces prefiero la buena música pop a la mala música clásica. A veces también es importante cuestionarse la pertinencia de la novedad a cualquier precio. Hay formas de arte totalmente tradicionales que, sin embargo, evolucionan y se transforman según sus intérpretes. Mi enfoque musical, por ejemplo y sin duda, está influido por la tradición oriental. 

¿Su amistad se forjó gracias a la música?

Etienne d’Arenberg: Todo empezó por casualidad hace más de diez años, en un avión entre Salzburgo y Zúrich. Íbamos sentados uno al lado del otro, tras haber asistido la víspera, sin conocernos, a la boda de un amigo común.

Joji Hattori: La sensación de complicidad fue inmediata. Etienne me habló de su amor a la música y de su deseo de organizar conciertos en el Oberland de Berna. Le dije que la idea y el planteamiento me gustaban. Organizamos una serie extraordinaria de conciertos en Lauenen, gracias a la Fundación d'Arenberg. Yo estaba al frente de la dirección musical. Más tarde dirigí los Conciertos Mirabaud.

Hoy día, la aventura musical sucede en Palma, con la Orquesta Sinfónica de Baleares (OSB). ¿Puede adelantarnos algo?

Joji Hattori: Los miembros de esta orquesta son muy buenos músicos y pueden competir sin dificultad con las orquestas de Madrid. En 2014 asumí, junto al español Pablo Mielgo, la codirección artística. En el pasado, la OSB no ha contado con el apoyo o la promoción que merecía teniendo en cuenta su nivel. A mí me gusta emprender, me encantan los retos, y el de transformar esta orquesta y lograr que sea tan conocida como merece es una buena motivación.  Hablé de ello con Etienne, porque las subvenciones públicas eran reducidas. La dirección de Mirabaud vino a Mallorca y, convencidos del interés del proyecto, decidieron apoyar a la OSB.

Etienne d’Arenberg: En efecto, es un proyecto muy bonito... El encuentro de dos energías: la de Joji, que aporta el conocimiento del mundo de la música, y la de Mirabaud, un banco de emprendedores. Nos hemos comprometido con entusiasmo porque todo lo que Joji toca está abocado al éxito. Y, además, es coincidente con el desarrollo de Mirabaud en España. Por último, Antonio Palma, Socio del Grupo Mirabaud, es de origen español. Así pues, es un proyecto con raíces.

¿Cómo describiría a su amigo, en pocas palabras?

Etienne d’Arenberg: Joji tiene una enorme inteligencia solo equiparable a su amor absoluto por la belleza, a su amor al prójimo. Es extraordinariamente abierto e incapaz de caer en ideas preconcebidas. Son cualidades poco frecuentes. Y, algo que resulta sin duda muy molesto... Lo comprende todo mucho más rápido que la mayoría de nosotros... Aunque la cosa cambia si hablamos de esquiar o montar a caballo: ¡ahí todavía le gano!

Joji Hattori: Etienne es un maestro de la empatía, es extraordinariamente generoso. Hay mucha gente que quiere ayudarte, claro... Pero su generosidad es de otro tipo porque él sabe cómo conseguirlo. Etienne es un excelente lector de almas y de las emociones ajenas. Tiene el raro don de comprender y entenderse con personas cuyas ideas no comparte necesariamente. Es impresionante.

Etienne d’Arenberg: En el fondo, creo que compartimos la misma convicción a favor de la acción, la fe que mueve montañas, la idea de que se puede lograr todo lanzándose al combate, aunque nunca se tenga la certeza de cuál será el resultado.

Joji Hattori: «Yes we can!». Está claro que Obama te ha copiado en eso...

Photos : © J.-F. Robert

Sus melodías favoritas

Joji Hattori

«La mía sería una pieza interpretada por Dinu Lipatti... Dinu Lipatti es un pianista rumano que murió siendo muy joven. No existen muchas grabaciones, pero hay una que hizo en su casa, unos meses antes de morir, y que incluía transcripciones de corales de Bach y una transcripción del “Siciliano”, una sonata para flauta de Bach con arreglos de Wilhelm Kempff para el piano. Él la tocaba. Cuatro minutos, más o menos. Esa sería mi pieza favorita.

Esos cuatro minutos han sido la experiencia más pura de mi vida: cada vez que la escucho, se me saltan las lágrimas. No puedo explicar por qué. Tiene que ver con la forma en que la toca Lipatti, pero también con la simplicidad de la pieza; básicamente, una pequeña melodía... Y de Bach».

Etienne d’Arenberg

«A mí me encanta la “Meditación de Thaïs” de Massenet interpretada por Anne-Sophie Mutter. Me parece una pieza muy conmovedora.

Adoro, desde luego, el “Ave María” de Shubert; me conmueve enormemente.  La relaciono con una serie de acontecimientos de mi vida que son importantes para mí, y representa la compasión de Cristo, la madre y el hijo».