Innovación

Estos suizos que imaginan la vela del future

Tras la estela del regatista de Morges Pierre Fehlmann, ha nacido una generación de “veleristas” en la región del lago Lemán, que hizo sus primeras experiencias alrededor del mundo desde 1976 a 1994, a bordo de los maxis Disque d’or, UBS Switzerland o Merit.

 

 

De regreso a tierra firme, estos hombres, a los que pronto se unieron otros, nunca han dejado de perfeccionar ni de inventar grandes y pequeñas embarcaciones. Son ellos Bertrand Cardis, Gérard Gautier y también Luc Dubois, Sebastian Schmidt y Pascal Vuilliomenet. Arquitecto, ingenieros y maestro velero: todos ellos son navegantes y se dedican a crear la vela del futuro. Han contribuido, por ejemplo, a los resultados del equipo Alinghi y a los del D35. Pero, ¿cómo explicar esta abundancia de capacidades en la región del lago Lemán, en un país conocido por sus pistas de esquí y sus lagos? “¡Es un fantástico terreno de juego y un laboratorio a escala natural!”, responden a coro los interesados.

Además, según el arquitecto naval Sebastian Schmidt, “en un espacio de agua cerrado, uno puede, en los ensayos y otras pruebas, animarse a correr muchos más riesgos que en el mar”.

Los éxitos son el motor del avance tecnológico

Pero uno de los factores preponderantes es la presencia de un gran número de industriales y personas acaudaladas, apasionados por este deporte desde generaciones y dispuestos a invertir en su desarrollo. Navegantes experimentados, empresas innovadoras, investigación al más alto nivel, recursos financieros y espíritu de competición son los ingredientes del éxito de esta región.

Y pensamos de inmediato en los Firmenich, Rothschild, Bertarelli, Stern o Lombard, quienes a bordo de sus veleros han conquistado los primeros lugares en grandes regatas y no han dudado en echar mano a la cartera para asegurarse los éxitos que todos conocemos. Y así han contribuido también al desarrollo de nuevas tecnologías en un deporte donde el componente mecánico sigue siendo importante.

Sebastian Schmidt constata por su parte un “auténtico espíritu emprendedor en relación con la náutica” que no se encuentra en ninguna otra región de Suiza. “En la Suiza alemana son más recelosos a la hora de innovar con los materiales”, explica el arquitecto. Esta audacia de la Suiza francófona es la que permite todo tipo de tentativas.

Pascal Vuilliomenet, que trabaja en la Vicepresidencia para Innovación y Valorización en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), cuyos laboratorios, entre otros logros, han conseguido incorporar fibras ópticas en los materiales para analizar los esfuerzos en condiciones reales, se siente orgulloso de ello: “Desarrollar sistemas para medir in situ la defor-mación de las estructuras permite optimizar las simulaciones y, de este modo, llegar hasta el final”, afirma el ex regatista.

La pasión como motor

¡Qué lejos están los días en que el Oiseau-Roc, uno de los primeros monocascos del lago Lemán, no podía rivalizar con los Toucan! Los cascos fueron objeto de una transformación bajo el impulso de patrones y navegantes apasionados. Algunos de ellos, como Richard Milliquet – el cual diseñó el Poopy cuando era estudiante de la EPFL – perfeccionaron la quilla en el estanque de prueba del laboratorio de máquinas hidráulicas. Al igual que el arquitecto Grobéty, al comienzo de las Améthystes, y entre ellas, de la famosa Zoé. Desde los años 80, Bertrand Cardis, también él ingeniero de la EPFL y director del astillero naval Décision SA, colabora ocasionalmente con el establecimiento de altos estudios: “He conservado buenos contactos y me parecía una buena idea ofrecer a los estudiantes la posibilidad de trabajar sobre algo concreto”.

El astillero y la EPLF trataron entonces de comprender las relacionas entre los diferentes materiales y optimizar los procedimientos mejorando los conocimientos de estos mecanismos. En aquella época, las preocupaciones se centraban, por ejemplo, en los encolados.

Un casco de estructura sándwich

Más adelante, la llegada de nuevos materiales permitió dar un verdadero salto tecnológico. Con el composite, los cascos se volvieron más livianos, sin perder rigidez ni tener que renunciar a las altas prestaciones. “Esto puede verse fácilmente si comparamos el catamarán F40 Le Matin, de espuma de PVC y Kevlar, que navegó hasta el año 2000, y el primer D35 del 2004. Este último, con una estructura tipo sandwich de nido de abeja-carbono, es mucho más liviano y tiene mejores características”, explica Bertrand Cardis.

En fecha más reciente, los últimos veleros salidos del astillero naval Décisión, dos catamaranes Class C Hydros construidos para participar en la Little Cup en Falmouth, son los primeros cascos construidos en TPT (Thin Ply Technology). Esta innovadora tecnología creada en Suiza por el maestro de vela Gérard Gautier, combina solidez, rigidez y bajo peso. Pero, de momento, todavía está reservada a las embarcaciones de alto nivel de competición. No obstante, Bertrand Cardis prevé un futuro muy prometedor para este material en la aviación (leer la entrevista).

Profesionales en el agua

En el lago, las repercusiones de estos adelantos técnicos son innegables, y si bien los materiales compuestos todavía no constituyen la mayor parte de la flota del lago Lemán, numerosas tripulaciones se inspiran en estas diferentes técnicas de trabajo, muy profesionales, para mejorar su rendimiento. “El nivel de las embarcaciones ha mejorado, al igual que el de los equipos, los cuales no han dudado en contratar a entrenadores profesionales. Se trabaja de manera mucho más precisa. Antes de la aventura de Alinghi, estos procedimientos solo se veían en la vela olímpica”, afirma Bertrand Cardis.

Otro motivo de optimismo para este deporte: el aumento explosivo del número de personas que asisten a los cursos para principiantes en los clubes de la región. Mientras que ciertos veleros, a semejanza del Mirabaud LX, ya coquetean con el aire cuando se deslizan sobre el agua alzados en sus foils, ¿cómo será la vela del futuro? Para Sebastian Schmidt, los límites se sitúan a nivel de los conocimientos actuales sobre los materiales.

E único límite, es el que nos pone la imaginación. 

Pascal Vuilliomenet

Pascal Vuilliomenet por su parte ve una frontera ética que no se debería traspasar: “Para ganar velocidad, ¿estamos dispuestos a verter polímeros al mar para optimizar la capa límite? ¿Cuánto vale el deporte? ¿Es posible remplazar a los navegantes por máquinas? La respuesta es no. Hemos adoptado una posición muy clara al respecto”. Más concretamente, digamos que el lago requiere embarcaciones polivalentes, capaces de maniobrar sin detenerse. “Este es el compromiso que hemos buscado con los D35. ¿La prueba? El Ladycat ganó este año la Bol d’or Mirabaud a pesar de competir con embarcaciones más rápidas”, subraya el arquitecto antes de agregar que “el único límite es el que nos pone la imaginación”. O cuando los navegantes sueñan con ser Ícaro.    

Cuatro preguntas a Bertrand Cardis

Bertrand Cardis, director del astillero naval Décision SA, donde se construyó, entre otras embarcaciones, el Class America de Alinghi, es uno de los representantes de la Suiza high-tech.

¿El futuro de la vela en el lago de Ginebra está únicamente en los multicascos?

No. Aunque se construyen numerosos multicascos, es poco probable que su uso se generalice porque están embarcaciones son difíciles de navegar. Actualmente se están desarrollando algunas series muy interesantes, siguiendo la tendencia hacia los barcos de altas prestaciones pero fáciles de maniobrar y con los que es posible navegar con una pequeña tripulación. El Esse 850 es un buen ejemplo. De este modelo ya hay unas cien unidades en Suiza. ¡Es el nuevo Surprise!

¿Se han adoptado en otros países los inventos suizos?

¡El gennaker sobre enrollador para los multicascos! Creado por Gérard Gautier, despertó el interés de Laurent Bourgnon, quien lo adoptó para el Primagaz y lo puso de moda. Es un invento de la región del lago de Ginebra. Y, lógicamente, también la TPT (Thin Ply Technology), que fue desarrollada aquí por Gautier y su equipo.

¿Los avances tecnológicos alcanzados en el campo de la vela pueden exportarse a otros sectores?

Sin duda alguna, a la aviación. Gracias a estos nuevos materiales es posible construir ahora con menos peso y mayor solidez. Veo un gran potencial para este campo de aplicación, en particular debido a las ventajas evidentes (N. de la R.: económicas y para el medio ambiente) de aligerar las estructuras. Además, la tecnología TPT ofrece posibilidades de industrialización. Para nosotros, el desafío consiste en utilizar estos materiales aprovechando sus características mecánicas y su escaso peso.

¿Podrán estos avances utilizarse más adelante en la aviación civil?

Tal vez, pero todavía es demasiado pronto para afirmarlo.